Al publicarse Sempre en Galiza en 1944, cuando ya se vislumbraba el triunfo de los aliados en la guerra y se esperaba la caída consiguiente de Franco, a Castelao no se le ocurre mejor cosa que enviar un ejemplar, cariñosamente dedicado, a dos Claudio Sánchez-Albornoz, su compañero de destierro en la ciudad del Plata. Antes ya de leer el libro sosegadamente, pero no sin haberse percatado de sus más penetrantes esencias, don Claudio responde haciendo hincapié en las dos cuestiones que le tocaban más de cerca: la de la función histórica de Castilla y la de las lenguas castellana y gallega.. Limitémonos a ésta, por ser hoy la de mayor actualidad. He aquí cómo don Claudio termina su carta:
"Ama V. a Galicia -y yo también, pues mi madre se llamaba Teresa Menduíla, y no suelo suprimirme jamás de mis libros ese apellido gallego-; medite en el peligro que para nuestros gallegos de mañana representaría reducirles su capacidad de adquisición de cultura al habla sólo de la lengua de Galicia. Vamos a volver a España, va V. a ejercer un papel de primera fila en Galicia y confío en que no arrostrá las futuras -del siglo próximo- recriminaciones de sus coterráneos por haberles privado del instrumento formidable del dominio del castellano que hoy poseen.
Con la esperanza de que rectifique su castellanofobia, le saluda y abraza, Claudio S. Albornoz."
La inteligencia, la sensibilidad, el amor y el respeto a los sentimientos del pueblo gallego que caracterizan a Castelao y dan categoría universal a muchas de sus manifestaciones, le inspiraron este párrafo.
"Me hizo mucha gracia lo que usted me dice respecto al bilingüismo de Galicia y mi afán de suprimir allí el castellano. Bien se ve que V. no ha leido mi libro. Sepa V. amigo mío, que yo sólo pido que el gallego vaya a la escuela y a la Universidad, como va el castellano ¿Le parece V. mal mi pretensión? Pues entonces no es V. partidario del bilingüismo. Yo deseo que en Galicia se hable tan bien el gallego como el castellano y el castellano tan bien como el gallego.Deseo,además,que el gallego se acerque y confunda con el portugués de modo que tuviésemos así dos idiomas extensos y útiles.Y aún desearía más: desearía que en la segunda enseñanza fuese obligatorio el inglés y otro idioma extranjero."
Castelao no fue en puridad ni un político, ni un mártir, ni un santo, ni otras cosas que se quieren hacer de él. Esperemos que el centenario de su nacimiento no distorsione su imagen, como en tantos centenarios sucede. Vamos a falsificar la historia, parece que dicen a veces los organizadores de aniversarios. A Castelao sólo le preocupaba el que su nombre fuese sinónimo de honradez y de lealtad, lealtad al viejo Seminario de Estudios Gallegos, al que ofrendó la última de sus grandes obras, As cruces de pedra na Galiza; lealtad a la República que le llevó a defender valientemente el gobierno de Giral cuando los socialistas de Prieto estaban dispuestos a sacrificar a la República con tal de suprimir el régimen de Franco; lelatad al pueblo, a aquel pueblo de campesinos, de marineros, de emigrantes que fueron siempre el meollo de Galicia.
Entre emigrantes murió, querido y seguido por legiones de ellos, que custodiaron sus restos hasta la hora de su traslado a Galicia.
"Yo no soy más que un artista que ha puesto su arte al servicio de una bella causa: la de despertar el alma de Galicia". Artista del diseño y de la palabra, con los que tantos milagros hizo, amigo inseparable de aquel largo lápiz que siempre asomaba en compañía de su pañuelo en el bolsillo alto de su chaqueta."